Singe
Ella era mi pesadilla. Cada vez que cerraba los ojos, la veĂa caer en ese infierno. Una y otra vez, fallaba en salvarla.
No habĂa sido capaz de alcanzarla, y la culpa solo ardĂa mĂĄs caliente con el paso del tiempo. Cuatro años mĂĄs tarde, yo era el inalcanzable.
Los héroes no siempre son santos. A veces, no somos nada mås que pecadores hastiados impulsados por noches sin dormir y corazones llenos de oscuridad.
Y entonces la conocĂ. Era una soñadora que se las arreglĂł para aliviar mis cicatrices y sanar mis heridas.
Pero mientras las llamas se cerraban a nuestro alrededor, temĂ no ser el hombre correcto para salvarla. Eso es hasta que me di cuenta de que era la Ășnica mujer por la que quemarĂa el mundo para protegerla.
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