1
Él es mi depredador, y yo soy su presa. Esta noche, está hambriento de probar lo que es suyo.
Era Halloween, mi época favorita del año. Tenía el trabajo de mis sueños como tatuadora, una mejor amiga leal y un ex que atendía felizmente mis necesidades sin complicar nuestro acuerdo con sentimientos.
Todo iba de maravilla hasta la Noche del Diablo, cuando el enmascarado me observó desde las sombras como un depredador al acecho de su próxima comida, y eso era yo: su presa.
Como cualquier depredador nato, estaba sediento de sangre y se apoderó de mí antes de que pudiera ver la cara que había tras su máscara. No temía matar por un bocado de lo que ansiaba, incluso si eso significaba derramar la sangre de los más cercanos a mí. Una vez que lo probaba, ansiaba más, y cuanto más lo necesitaba, más deseaba yo dárselo.
2
“Observo al monstruo, aprendiendo sus costumbres. Esta noche, cederé, sucumbiendo a la oscuridad.
En cuanto la vi en aquel café, supe que Cara era mía. Puede negarlo todo lo que quiera, pero vi cómo su cuerpo la traicionaba, sentí cómo se aceleraba su pulso. Me anhela, aunque no lo admita.
Ahora, mi chica está donde debe estar: bajo mi control. Cree que puede resistirse a mí y luchar contra lo que ambos sabemos que es inevitable, pero nunca la dejaré marchar. La derribaré, le quitaré hasta la última defensa hasta que no quede nada más que su maldita y dulce rendición.
Es mi obsesión, mi posesión, mi pequeña pesadilla y pronto sabrá que no puede escapar de mí.
Nunca.”
3
Es mi cazador en este retorcido juego.
Soy su premio, y está hambriento por reclamarme.
Se suponía que estas Navidades iban a ser especiales, pero sin mi mejor amiga a mi lado, parecen una broma cruel. Pensé que pasar las fiestas con la familia de mi novio llenaría el vacío, pero después de una pelea que se intensificó más allá de lo que me siento cómoda, estaba lista para empacar mis cosas e irme.
Hasta que me desperté la mañana de Navidad con una sorpresa: una bonita caja bajo el árbol con la llave de la iglesia de su familia y las instrucciones de un juego que había preparado para nosotros.
Las reglas del juego son sencillas:
1: Si me pilla una vez, me come.
2: Si me pilla dos veces, tengo que chupársela.
3: Si me pilla por tercera vez, me follará.
4: Si me pilla las tres veces Y llega antes a la iglesia, nada está prohibido.
Sweet Doe
Se suponía que la Navidad iba a ser mágica. En cambio, terminé sin aliento, arruinada y mirando a los ojos al hombre equivocado.
No era mi novio. Era su hermano.
Lo que comenzó como un juego retorcido se convirtió en mi prisión. Me llevó a lo profundo de las montañas, ocultándome de todo lo que había conocido hasta entonces. Debería haberlo odiado. Debería haber luchado más por escapar. Pero en algún punto entre sus crueles maneras y sus suaves caricias, los límites se difuminaron.
Empecé a desear las mismas manos que me mantenían cautiva.
Cuando usamos las llamas como distracción, supe que no había vuelta atrás. Me llevó con él y desaparecimos antes de que pudieran encontrarnos.
Ahora estamos huyendo. De la ley, de nuestras familias, de los restos de quienes solíamos ser. Él dice que somos nosotros contra el mundo, y Dios me ayude, le creo.
Porque cuando te han destrozado y reconstruido de formas tan oscuras, la libertad se convierte en un concepto ajeno.
¿Y lo más aterrador? No quiero ser libre.



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