
Se suponĂa que fregaba pisos, no sangre.
Pero la noche que lo conocĂ, la nieve de MoscĂș se volviĂł roja.
Era un peligro con un abrigo a medida,
un hombre hecho de cicatrices y silencio.
Su mundo era balas y traiciĂłn,
y de alguna manera, caà en él.
Me dijo que limpiara su desastre.
DeberĂa haberme ido.
En cambio, me quedé...
atraĂda por la calma en su violencia,
por cĂłmo su voz hacĂa que el pecado sonara sagrado.
Ahora estoy atrapada entre el deber y el deseo,
entre la frĂĄgil confianza de mi familia
y el hombre que reclama mi alma como una deuda.
Porque en algĂșn momento entre disparos y luces navideñas,
dejé de fingir que no era suya.
Y ahora, sus enemigos saben la verdad:
el secreto que crece en mi interior.
Creen que me derrumbaré.
Creen que suplicaré.
Pero no entienden:
reducirĂĄ MoscĂș a cenizas antes de dejarme ir.
Y si no me encuentra antes de medianoche…
no quedarĂĄ ninguna Navidad que salvar.-
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