
Una damisela curvilínea en apuros. Un bombero con una mente unidireccional. Un incendio desencadena una obsesión para toda la vida.
Connie Evans nunca esperó estar atrapada en su apartamento con humo asfixiando el aire y llamas lamiendo su puerta. Pero cuando un enorme bombero irrumpe a través del incendio y la levanta en sus brazos como si no pesara nada, su vida cambia para siempre.
Él es todo músculo y agallas. Cabello rubio, ojos azules y un gruñido que la golpea bajo y profundo.
Dagger Wolfe no es amable. No le van las relaciones. Pero en el segundo que ve la cara aterrorizada de Connie, algo se rompe. Ella es suave. Ella es dulce. Ella es suya. Y él nunca la dejará ir.
No volverá a ese apartamento quemado. No volverá a una vida sin él.
Ella se queda donde pertenece, envuelta en sus sábanas, bajo su protección y marcada con sus dientes.
Ella piensa que es gratitud. Él sabe que es para siempre.
Si alguien quiere quitársela, tendrá que pasar por el fuego.
Literalmente.
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