Hace diez años perdà al chico que me obsesionaba en la adolescencia. A mi hermanastro lo mandaron a prisión y nuestras charlas nocturnas se convirtieron en llamadas telefónicas limitadas con los reclusos espiando cada palabra.
Ahora estĂĄ libre y lo he traĂdo a mi casa. ¿Para quĂ© sirve la familia?
Duerme al final del pasillo, como en los viejos tiempos, excepto que ahora tengo un marido, pero eso no parece disuadir a Devon. El fuego entre nosotros no ha disminuido en absoluto. Sigue ardiendo bajo nuestra piel y no sé cuånto tiempo podré resistirlo antes de dejar que mi vida entera se convierta en llamas.

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