Baby daddy

em viernes, 6 de septiembre de 2019



Nos conocimos en un ascensor atrapado.

Emmett iba de camino al trabajo, sofisticado y guapo con su traje de sastre y corbata.

Yo iba camino al banco de esperma. IncĂłmodo, ¿verdad?

A los treinta y cinco años, mi vida no habĂ­a tomado el camino que yo pensaba que tomarĂ­a y estaba cansada de esperar… querĂ­a un bebĂ©. Y yo estaba dispuesta a tomar el asunto en mis propias manos para que eso ocurriera.

DespuĂ©s de nuestro desafortunado encuentro en el ascensor, Emmett insistiĂł en llevarme a cenar -tambiĂ©n insistiĂł en otra cosa- que me deshiciera de mi plan que incluĂ­a una jeringa para el pavo y lo dejara hacer el trabajo. Él serĂ­a el padre de mi bebĂ©. Era un director ejecutivo rico y poderoso con poco interĂ©s en pañales o citas de juego. Y como Ă©l no querĂ­a tener hijos, yo estarĂ­a sola una vez que su panecillo estuviera en mi horno, libre para seguir mi propio camino.

Pero una vez que su bebé estuvo dentro de mí, fue como si un interruptor se hubiera accionado, y yo obtuve mucho mås de lo que esperaba

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