
La primera vez que conocĂ a Hudson Rothschild fue en una boda. RecibĂ una invitaciĂłn inesperada a uno de los lugares mĂĄs elegantes de la ciudad.
Hudson era el padrino de boda y posiblemente el hombre mĂĄs hermoso que jamĂĄs habĂa visto. Me pidiĂł que bailara y nuestra quĂmica fue fuera de serie.
SabĂa que no era una buena idea involucrarme con Ă©l, considerando la boda en la que estaba. Pero nuestra conexiĂłn era intensa y me lo estaba pasando genial.
Aunque la diversiĂłn se detuvo cuando Hudson descubriĂł que yo no era quien habĂa dicho que era. ¿Ves esa inesperada invitaciĂłn que recibĂ? Bueno, en realidad no estaba dirigida a mĂ, se la enviaron a mi excompañera de habitaciĂłn que habĂa dejado un cheque sin fondos por el alquiler de dos meses y se habĂa mudado en medio de la noche. Supuse que me debĂa una noche de fiesta cara, pero supongo que, tĂ©cnicamente, estaba irrumpiendo en la boda.
Una vez atrapada, no pude salir de allĂ lo suficientemente rĂĄpido. Mientras corrĂa hacia la puerta, podrĂa haber agarrado algunas botellas de champĂĄn caro de las mesas que pasaba, todo mientras el hermoso y enojado padrino de boda estaba detrĂĄs de mĂ.
Afuera, me subĂ a un taxi. Mi corazĂłn rebotĂł contra mis costillas mientras conducĂamos por la cuadra, pero al menos habĂa escapado ilesa.
O eso pensé.
Hasta que me di cuenta de que habĂa dejado mi telĂ©fono en la mesa.
Adivina quién lo encontró.
Esta es la loca historia de cómo nos conocimos Hudson Rothschild y yo. Pero créeme, es solo la punta del iceberg
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