
Observo sus dedos rozar las pĂĄginas de la Biblia mientras las pasa.
Y observo cĂłmo sus labios se mueven mientras pronuncia el sermĂłn.
Noto la forma en que sus ojos oscuros se posan en mĂ.
No puedo dar un nombre a estos sentimientos hacia el padre Roman.
Ăl ya ha hecho sus votos de celibato y yo estoy a punto de hacer los mĂos.
Pero no puedo evitar lo que siento en su presencia: como si me muriera de sed y él fuera el agua bendita que necesito.
No, no puedo darle un nombre a estos sentimientos. Aunque, en el fondo, sé lo que es esto.
Esto es lujuria.
Y serĂĄ un milagro si puedo pasar esta Navidad sin dejar escapar estos sentimientos.
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