Wilder saint

TenĂa apenas cuatro años cuando vivĂ el peor dĂa de mi vida.
Cuando vi a mi papĂĄ dar su Ășltimo aliento a manos de otra persona.
En lugar de permitir que el odio me consumiera, encontrĂ© un refugio seguro en los brazos de la Ășnica persona que lo entendĂa; nuestro trauma compartido nos uniĂł de una manera que le enseñó a mi corazĂłn que era incapaz de amar a alguien mĂĄs.
Y con los años, nuestra codependencia se transformó en algo mås profundo.
Algo prohibido.
Algo que nadie aceptarĂa.
Porque ¿cĂłmo podrĂa explicar que el hombre del que he estado enamorada durante casi veinte años fue alguna vez el niño de seis que estaba a mi lado en el peor dĂa de mi vida: mi hermanastro?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario