Finding love at the doggy spa

em martes, 12 de mayo de 2026

Hate to love the inspector
Paso el día entero domando perros imposibles. ¿Un inspector gruñón? Pan comido.
El inspector Buckley apareció con su traje impecable, su carpeta amenazante… y una mirada capaz de fundir el hormigón.
Oficialmente, está aquí para “verificar el cumplimiento normativo”. Extraoficialmente, para arruinarme la vida.
El Doggy Spa es todo lo que tengo. No pienso dejar que lo cierren. Aunque para eso tenga que domar al hombre más gruñón del planeta.
La solución está clara: operación seducción. Él quiere formularios, yo le sirvo sonrisas. Él amenaza con sanciones, yo contraataco con encanto.
Por supuesto, si el corazón se me dispara cuando nuestras miradas se cruzan, es el estrés. ¿Esos escalofríos cuando roza mi mano? El aire acondicionado. Y si empiezo a esperar su llegada cada mañana… es únicamente para vigilar al enemigo.
Salvo que bajo esa fachada glacial hay chispas. Y cada vez me cuesta más recordar cuál de los dos está realmente en peligro.
¡Max! ¡Bájate del inspector! ¡Eso NO es un árbol para abrazos!



Just friends at the doggy spa
Es mi amigo. Me lo repito. Demasiadas veces.
Mi mejor amiga se casa con el hombre perfecto. Yo soy su dama de honor. Dama… y soltera, por si alguien lo preguntaba.
Joey — Joseph Buckley en las ocasiones oficiales — es el padrino. Encantador. Divertido. Peligrosamente seductor.
Y mi amigo. Solo mi amigo. Me lo repito. Otra vez. Y otra.
Da igual que flirtee como si el fin del mundo estuviera programado para el sábado. Da igual que me haga reír cuando todo se desmorona. Da igual que el corazón se me ponga a dar volteretas cada vez que me llama… “colega”.
Con los cachorros más revoltosos soy tranquila, controlada, imbatible. ¿Con Joey? Me convierto en un desastre adorable. Sonrío demasiado. Hablo demasiado rápido. Me derrito.
Y durante los ensayos de la boda… digamos que las distancias de seguridad dejaron de existir. Su aliento rozando mi mejilla. Mi mano entre la suya. Ese silencio suspendido entre los dos.
Porque esto de mejores amigos que cruzan la línea nunca sale bien. ¿O sí?
Si no digo nada antes del gran día, lo veré marcharse. Y esta vez, la culpa será solo mía.
¡Bandit! ¡Los anillos de boda no son juguetes!



Barking up the wrong tree
Siempre ha estado ahí. Y ese es exactamente el problema.
Forma parte de mi mundo desde el jardín de infancia. Las cenas del domingo. Los cumpleaños desastrosos. Las confidencias a medianoche.
Siempre ha estado ahí.
No importa que se haya vuelto alto, fuerte… y peligrosamente seductor para mi estabilidad mental. No importa que el corazón se me dispare cada vez que me dedica esa media sonrisa que conozco de memoria.
No importa. Porque entre nosotros todo es fácil. Mejores amigos. Amigos de toda la vida. Amigos para siempre.
Regla n.º 1: no te enamores de tu mejor amigo.
Él, organizado y reflexivo, a punto de ponerse al frente del primer equipo de búsqueda y rescate de la región. Yo, lanzándome a toda velocidad hacia una inesperada fama en el roller derby local. Dos caminos distintos.
O eso parecía.
Porque cuanto más crecemos, más nos acercamos. Me entiende antes de que abra la boca. Yo sé exactamente lo que necesita oír. Nos apoyamos. Nos elegimos. Nos celebramos.
Como amigos. Claro.
Entonces, ¿por qué esa chispa en su mirada cuando nuestras manos se rozan? ¿Por qué ese silencio más denso, más frágil… como si ambos estuviéramos conteniendo algo que ya no podemos ignorar?
Porque lo de mejores amigos que cruzan la línea rara vez acaba bien.
¿O quizá sí?




Tripping into puppy love
5
¿Encima de quién acabo de caer al bajarme de un árbol? Del hombre de mi vida. Nada menos.
En el instante en que mis ojos se clavaron en los suyos — mientras me levantaba del suelo con sus manos llenas de baba de perro — lo supe. Vi mi futuro. Sí, incluso con olor a pienso flotando en el aire.
Puede que no suene muy glamuroso, pero Tripp Lancaster paseaba rodeado de su manada de perros. Y eso es exactamente mi tipo de hombre. Con él me siento la única mujer del mundo. Como si el destino hubiera decidido unir a dos almas sencillas, tranquilas… hechas la una para la otra.
Hasta que descubro quién es en realidad.
Tripp Lancaster no es solo un amante de los perros. Es una leyenda en el mundo canino. Casi de la realeza.
¿Y yo? Anne-Marie, la nueva empleada del spa canino. La que sujeta la correa.
Cuando me toca trabajar con él en el concurso canino del siglo, paso los días debatiéndome entre dos impulsos: enamorarme un poco más… o hundirle esa cara perfecta y arrogante en un comedero.
Pero a veces baja la guardia. Una sonrisa más suave. Una atención inesperada. Y vuelvo a caer.
¿Quién es realmente este hombre que me acelera el corazón?
¿Se abrirá por fin conmigo… o no soy más que otro cachorro en su perrera?

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