The flirt
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Dirigir un imperio empresarial significa que todo en mi vida depende del control. Y ser padre soltero significa que mi mundo empieza y termina con mi hija. Durante años, me he asegurado de que nada ni nadie altere ese equilibrio. Ni relaciones complicadas. Ni mujeres que puedan convertirse en algo más.
Entonces aparece Scarlett Jones, mi nueva empleada.
Es inteligente, apasionada y peligrosamente difícil de ignorar. Desde el primer momento, la atracción entre nosotros es innegable… y completamente fuera de lugar. Es mi empleada. Yo soy su jefe. Cruzar esa línea no es una opción.
Y, sin embargo, cada día me acerco un poco más.
Lo que comienza con miradas cargadas de tensión y momentos robados se transforma en algo mucho más intenso. Algo que se instala bajo la piel y ya no desaparece. Porque Scarlett no es solo una tentación pasajera… es una necesidad que no puedo controlar.
El verdadero peligro llega cuando entra en la vida de mi hija.
Verlas juntas, tan naturales, tan perfectas, despierta en mí un deseo que había enterrado hace mucho: la posibilidad de una familia, de un futuro distinto, de algo real.
Y eso es lo único que no puedo permitirme perder. Porque esta vez no solo está en juego mi corazón. Pero alejarme de Scarlett ya no es una opción.
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No me gustan las complicaciones, y ella es puro desastre.
Así que cuando Georgie irrumpe en mi mundo, furiosa porque uno de mis negocios le ha costado todo, debería apartarme. En lugar de eso, le propongo una tregua. Una fiesta de Mardi Gras. Una sola noche para arreglar las cosas.
Pero cuando aparece su arrogante ex y la empuja demasiado lejos, hago lo único que no debería: la beso.
Solo debía ser una distracción, pero se convierte en una obsesión. Y entonces le hago una nueva propuesta: que finja ser mi novia y yo abriré todas las puertas de esta ciudad para ella.
Fiestas de la alta sociedad. Contactos poderosos. Una segunda oportunidad para recuperar todo lo que perdió.
Todo es mentira.
Excepto la forma en que me mira. La forma en que no puedo dejar de tocarla. La forma en que un beso nunca es suficiente. Y en algún punto, entre confesiones a medianoche y caricias robadas, lo que era mentira empieza a sentirse demasiado real. Porque Georgie ya no está fingiendo, y yo tampoco.
Nunca he sido el hombre que se queda, y ella merece a alguien así.
Pero si alejarme es lo correcto…¿por qué siento que perderla me destruiría?
The rebel
5
En Nueva Orleans, me conocen como el más divertido y relajado de los hermanos LeBlanc. El “CEO Rebelde”.
Soy exitoso y decidido, pero no juego siguiendo las reglas. Es más, ni siquiera tengo reglas, excepto una: jamás, bajo ninguna circunstancia, me involucro con mis asistentes. Tras una pésima experiencia hace unos años, tengo claro que no debo mezclar los negocios con el placer.
No había tenido problemas para cumplir mi regla… hasta que contraté a Daisy.
La primera vez que la conozco, no tengo ni idea de que es mi nueva asistente temporal. Simplemente me fijo en esta mujer despampanante en mi cafetería favorita y hago lo que mejor sé hacer: coquetear con ella como si no hubiera un mañana. En cuanto me doy cuenta de mi error, cambio la actitud. Me muestro frío y distante, pero mi plan no funciona. Ni un poco.
Cada vez que entra en mi despacho, solo pienso en hacerla mía sobre mi escritorio. Cuando me responde con descaro, lo único que quiero es cubrir su boca con la mía hasta que suplique por más. Daisy es divertida y no se parece a ninguna otra mujer que haya conocido; me siento atraído por ella, lo quiera o no.
Cuando de pronto recibe una llamada de su casa diciendo que su familia necesita ayuda, tomo el control de inmediato. Todas las líneas se desdibujan, pero hay una cosa que sé con certeza: no pienso perder a Daisy. Solo tengo que convencerla de que yo soy el indicado.
Y soy muy convincente cuando me lo propongo…
The single dad
6
Soy el ú timo soltero de los hermanos LeBlanc, conocido por ser un exitoso CEO… y un incorregible mujeriego. Jamás imaginé convertirme en padre soltero, hasta que una aventura de una noche me lanza de lleno a la paternidad con un bebé recién nacido.
De la noche a la mañana, mi mundo gira en torno a Charlotte: dormirla en brazos, cambiarle los pañales, prepararle los biberones. Apenas pego ojo y me cuesta mucho concentrarme en otra cosa.
Mi agotamiento es tal que durante una reunión de marketing presentada por una mujer llamada Piper, me quedo completamente en blanco. Ella da por sentado que estoy de resaca —mi reputación de fiestero me precede— y aunque no puedo culparla, su actitud me enfurece tanto que la echo de la oficina, a pesar de su excelente presentación. No necesito complicaciones, y menos una tan atractiva como Piper.
Pero los cotilleos vuelan en el Barrio Francés, y cuando Piper descubre el motivo real de mi agotamiento y se acerca a disculparse, le doy una segunda oportunidad. La invito a mi casa para que repita la presentación… y descubro que estoy más concentrado en su escote, su sonrisa y en la inesperada conexión que establece con mi pequeña hija.
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