Dijeron que estaba loca por aceptar un trabajo para un multimillonario solitario en medio de la nada.
Dije que era un indulto del mundo y de mĂ misma.
Cocinar y limpiar para Finland “Fin” Hawthorne en su apartada finca situada en cien acres parecĂa la recarga que necesitaba. Ninguna interacciĂłn con la sociedad, la vasta tierra salvaje como mi patio trasero, y la probabilidad de tener que socializar con mi nuevo empleador era mĂnima.
Eso me parecĂa el escape perfecto.
Dijo que le gustaba su espacio, su privacidad. Me dijo que esperaba que me gustara estar sola la mayor parte del tiempo. Me pareciĂł bien.
Y entonces conocĂ a Fin cara a cara. Es rudo, insensible y distante, sin mencionar que es un magnĂfico gigante. Y una mirada a Ă©l me hizo imaginar que me tiraba por encima del hombro mientras me llevaba a su habitaciĂłn y me devoraba.
No deberĂa querer a mi jefe, pero cuando mi jefe se luce asi...nadie con un corazĂłn palpitante podrĂa negar la atracciĂłn brutal que se desprende de Fin.
De inmediato, no me perdĂ de cĂłmo Ă©l siempre parecĂa estar donde yo estaba. Vi la forma en que me miraba constantemente, siguiĂ©ndome con sus ojos como si estuviera hambriento y yo era lo Ășnico que podĂa saciar su hambre.
Y Dios querĂa ser su comida.
The re
Estaba jugando un juego peligroso, pero saber que podĂa desenredar a un hombre como Fin lo hacĂa mĂĄs atractivo.

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